CHINA, el gigante Asiático-Mundial en la sombra pero….¿Hasta cuando?

La China low cost tiene los días contados. El balance del año saliente deja un sabor muy propio de la tierra: agridulce. El PIB creció un 8,7% en 2009, con lo que está cerca de superar a Japón como segunda economía mundial y primera de la región asiática. Pero si bien los sectores de la automoción, salud, ingeniería, obra civil y maquinaria disfrutan de un boom industrial y de consumo, la exportación de ropa, juguetes y demás productos de bajo coste han dejado de ser el objetivo prioritario del Politburó, el principal órgano de gobierno. Según afirmó ayer el director del Buró Nacional de Estadísticas (BNE), Ma Jiantang, el objetivo del país “no es aumentar el PIB e ir superando a otros países, sino cambiar la estructura de crecimiento”, demasiado ligada a las exportaciones. Éstas han bajado un 13,9% ya que EEUU y Europa compran menos que antes. Pero el Gobierno no se ha inquietado demasiado, habida cuenta que la inversión y el consumo, sus motores auxiliares, crecieron un 30,1% y un 15,5%, respectivamente. Aun así, sólo en la provincia de Cantón –95 millones de habitantes–, más de 200.000 empresas han cerrado y 4 millones de trabajadores han perdido sus empleos.Según Eduardo Morcillo, socio de la consultora InterChina, especializada en inversiones españolas en el gigante asiático, “la China manufacturera es historia pasada. La Gran Fábrica del Mundo, la de la mano de obra a 0,8 dólares la hora, está desapareciendo. En su lugar, y a medio plazo, aparecerá un país donde los costes medios subirán a 5-7 dólares la hora. China será un líder exportador pero ya no en el sector textil y juguetero, sino en el de equipamientos de medio y alto valor añadido”. Es decir, que se acabó lo de abaratar precios por el ancho mundo. En un horizonte no muy lejano, entre cinco y diez años, el planeta financiará el nuevo resurgimiento. Mientras refuerza su moneda nacional, el renminbí, China competirá en la Champions League de la alta tecnología para quitarle el trono a EEUU y Japón, con lo que su liderazgo en la exportación permanecerá casi intacto. Este mastodóntico cambio se basa en cuatro pilares: la subida de salarios de los cuellos azules (trabajadores de las fábricas), el aumento de la presión fiscal, el estímulo de la confianza del consumidor para rebajar el ahorro y una mayor flexibilidad del renminbí –en los últimos dos años creció un 22%–, si bien el Gobierno mantiene un férreo control sobre la política monetaria. Mediante esta estrategia, China perderá –relativamente– su competitividad exterior pero reforzará con creces su potencial de fronteras adentro. Donde más se notará el gran salto adelante es, según Morcillo, en el consumo doméstico y el crecimiento urbano. “Se está gestionando una clase media de 400-500 millones de personas y aparecerán 100 nuevas ciudades con más de un millón de habitantes por núcleo”. El mapa que InterChina dibuja para 2030 cuenta con once agrupaciones de varias ciudades que representarán el 60% del territorio urbano en el país. Esto se traduce en “la creación de una nueva y enorme clase media con un fuerte apetito de consumo. China quiere alcanzar las cifras de gasto doméstico de los yanquis”, vaticina Morrillo. De momento, el consumo sólo representa un 36% del PIB, mientras que en pesos pesados como EEUU y Japón asciende al 60-70%. Pero hablamos de un país de más de 1.300 millones de personas, y subiendo –se calcula que en 2030 llegarán a los 1.500–. Y el Politburó no es precisamente conformista: las ventas minoristas aumentaron un 17% en 2009, y le parecía poco. Si la dictadura mantiene este rentable mecanismo, los productos chinos serán en 2020 un 72% más baratos que los estadounidenses. El precio de la tecnología de gama media-alta, por ejemplo, descenderá un 40%. Es decir, que aunque aumenten los salarios, el nivel de vida y los costes de producción chinos, el mundo no tendrá mucha alternativa ante el 60% de cuota global que el país seguirá copando en la próxima década. En comparación, sus productos seguirán siendo mucho más baratos, y los demás países deberán financiar la inflación que China exportará allende sus fronteras. En I+D también serán imbatibles: cada año se gradúan en el país 1,2 millones de ingenieros, y es el segundo del mundo que registra más patentes. Un escenario atractivo para los sectores sanitario y alimentario.

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